caetano, moreno, zeka y tom veloso

 

Fotografías: Paola Ferreira

Crónica: Guillermo Amy

Una nueva visita de uno de los más grandes cantautores de la música brasileña se concretó la noche del martes 24 de setiembre. Una propuesta diferente en un lugar dónde el artista, que tantas veces ha pisado nuestras tierras, iba a tocar por primera vez. Muchas eran las atracciones que esta fecha tenía y mucha era la expectativa de ver como se iba a desarrollar el espectáculo, teniendo en cuenta que los músicos que acompañaban a Caetano, eran nada más ni nada menos que sus hijos, Tom, Zeca y Moreno, en el marco de la presentación de “Ofertório”

Desde el arribo al Antel Arena, lugar que ya de por sí cautiva por su majestuosidad, se podía ver una mezcla de colores rojo y naranja en sus paredes. Colores “vivos” que resaltaban y se apreciaban inclusive desde la lejanía. Ya ese factor decorativo nos introducía a lo que estábamos por vivir. Un espectáculo repleto de color, de muchísimo ritmo y con ese toque de esencia la música brasileña que tanto enamora a propios y extraños.

Sobre las 21:15 las luces se apagaron y al encenderse, apuntando a una especie de sol artificial representando un atardecer, la formación fue entrando lentamente, encabezada por Caetano, siendo recibido con una gran ovación del público, y detrás de él, fueron ingresando sus hijos, quienes se posicionaron en sus respectivos lugares para dar el puntapié inicial. El tema que marcó el inicio fue “Baby”, canción que fue lanzada por allá por el año 1968. Desde el comienzo ya se pudo notar la tendencia que iba a tener este show: dar aún más color, con arreglos musicales y corales a las canciones. Y esto contrastó a la perfección con la puesta en escena, donde la sencillez fue lo que le dio su impronta, generando un clima cálido e íntimo para visualizar el espectáculo. A continuación siguió “O seu amor”, obra de otro enorme artista norteño como lo es Gilberto Gil, la cual contó con la participación de todos en los coros, dejando en exposición la gran influencia del padre sobre sus hijos y las grandes voces que poseen.

El concierto mantuvo una rotativa constante de ubicaciones, tanto del decorado (con cambio de luces el sol pasaba a ser luna llena), como de formación (pasando de cuarteto a dúo, de dúo a trío y viceversa) y a su vez, un cambio bastante dinámico entre climas, canciones y emociones, las cuales fueron alimentadas por los constantes diálogos que los músicos tenían con el público y entre sí, contando cosas de su vida, como por ejemplo en qué contexto fueron escritas determinadas canciones, a quién fueron dedicadas, o aspectos personales de cada uno de ellos. Todos estos factores incidieron en el intimismo que fue perfectamente logrado durante toda la noche.

La lista de temas fue también otra de las cosas que mantuvo esta misma tendencia. Tuvieron lugar tanto los clásicos “Boas vindas”, “Todo homem”, “Alexandrino”, “Oracao do tempo”, y Caetano dio lugar a que sus hijos mostraran sus creaciones. Zeca Veloso demostró ser el hermano con el registro vocal más alto, con un gran talento para cantar, y tocar el bajo y el teclado, con el que fue realizando arreglos constantes de sonidos más contemporáneos. Tom Veloso, pese a que su padre aclaró que no le gustaba cantar, lo impulsó a que cantara una obra de autoría, la cual fue interpretada y tocada por este, demostrando también un gran talento para el canto, una gran destreza en la guitarra y sobre todo para el baile, levantándose en una ocasión para ponerse frente al público y bailar al compás del ritmo. Por su parte Moreno Veloso, el hermano mayor, fue el más versátil y fue tocando la guitarra en ocasiones, poniendo voz en una proporción bastante cercana a la de su padre y realizando la tarea de percusionista en otras tantas, ya sea con un pandero, dos lijas o rajando un plato con un cuchillo. También mostró gran talento para la danza y motivó a Caetano a levantarse y bailar, hecho que fue ovacionado por el público que acompaño con palmas.

Llegando al final, Caetano agradeció a todos los presentes, siempre de brazos abiertos y con esa sonrisa que tanto caracteriza al cantautor brasileño, compartiendo el mérito con sus hijos. Se notaba en su rostro y en sus gestos que realmente estaba disfrutando el hecho de poder compartir escenario con parte de su familia. En el primer bis, Moreno mencionó unas palabras en agradecimiento y dio cierre con una frase que de a ratos se escuchaba sonar entre el público desde distintos sectores, “Lula libre!”. Posteriormente, entonó un fragmento de “Amándote” de Jaime Roos, siendo cantado por todos los presentes hasta el último rincón del Antel Arena, y mencionó algunos nombres de músicos destacados de nuestro país. Y cuando parecía que todo había terminado y de a poco la gente iban abandonando sus ubicaciones, los músicos volvieron a escena para hacer un segundo bis y dar el cierre final con “A luz de tieta”, que terminó con el público entonando el estribillo final, y Caetano parado en frente saludando y despidiéndose.

Una nueva noche para el recuerdo la vivida en el Antel Arena, que no solo nos acercó nuevamente a sus canciones sino que trajo el lado más humano y más sensible del artista, que con 77 años de edad, muestra una vigencia que impresiona, y un legado que da veracidad a la cotidiana frase de que el talento “se lleva en la sangre”.

 

Antel Arena / 24 de setiembre de 2019